¿Somos los autores intelectuales de nuestros pensamientos?

mayo 3, 2013 en Ciencia, Desarrollo personal

Nuestros pensamientos

Nuestros pensamientos

¿Has sentido alguna vez como si tus pensamientos tuvieran existencia propia? ¿No tienes muchas veces la impresión de que los pensamientos te vienen desde algún lugar, y que no eres el que decide acerca de los pensamientos que tienes? ¿Te has preguntado alguna vez si eres tú el que piensa tus pensamientos, o son ellos los que juegan su propio juego en tu cabeza?

La pregunta es: ¿podemos decidir qué pensamos?

La respuesta es, claramente, sí.

No solo podemos. De hecho, es lo que hacemos. Y al hacerlo, tenemos plena responsabilidad por quiénes somos, cómo somos, cómo nos comportamos, por nuestros logros y nuestros fracasos, por nuestras capacidades y nuestras in-capacidades –o nuestras limitaciones, o de lo que somos capaces y de lo que no–.

Somos los “autores” de nuestros pensamientos y de nuestra manera de pensar. Creamos, alimentamos y damos forma a nuestros pensamientos.

Nuestros pensamientos y nuestra manera de pensar, por lo demás, están entrelazados con nuestros sentimientos y nuestra emocionalidad.

Ante un hecho adverso, puedo “alimentar” pensamientos de rencor y venganza, o puedo respirar profundo, aquietar mi cuerpo y mis pensamientos, y dedicar un momento a la meditación, recordando que las personas que me rodean y con quienes convivo, aquellas que han realizado actos o dicho palabras que provocaron mi malestar, son personas de naturaleza similar a la mía propia. En otras palabras, que así como hay circunstancias en que las acciones de otros atentan contra mi bienestar y mi felicidad, del mismo modo frecuentemente mis acciones hacen lo propio con el bienestar y la felicidad de otros.

Nuestra mente tiene una llamativa tendencia a no detenerse nunca. Pero es que tampoco le damos la posibilidad de detenerse. Cuando no está ocupada en algo que realmente requiere su atención, enseguida buscamos algo con qué entretenerla y mantenerla ocupada. Y uno de nuestros entretenimientos mentales favoritos lo constituyen nuestras “rumias mentales”, esa suerte de “diálogos” con nosotros mismos o con interlocutores circunstanciales con quienes “discutimos”, y a quienes invariablemente derrotamos con argumentos certeros e incontrastables.

¿Con qué alimentas a tu mente?

Cuando nos sentamos frente al televisor y decidimos qué programa vamos a ver, estamos decidiendo con qué vamos a alimentar a nuestra mente, qué combustible vamos a echar a nuestros pensamientos, qué tipo de sentimientos vamos a desarrollar y qué estados emocionales vamos a dejar que crezcan y se fortalezcan en nosotros. Podemos elegir los noticieros, con su particular selección de noticias que “venden”, podemos elegir una película de “acción”, con sus formas de entender la justicia, podemos elegir los programas de “entretenimiento” a base de banalidades; o podemos elegir programas que eleven nuestro intelecto y nuestro espíritu, enriqueciendo nuestra comprensión de la variedad de planos y dimensiones de la existencia humana y nos faciliten nuevas comprensiones que amplíen nuestra visión del mundo.

Pero también podemos elegir “detenernos”. Hacer una pausa en nuestro trajinar diario, sentarnos en la quietud del atardecer, procurando un entorno que minimice la posibilidad de interrupciones, y allí, en un encuentro único e irrepetible con nosotros mismos, comenzar a “sentir” nuestros pensamientos, tomando nota de qué clase de pensamientos estamos teniendo… y qué clase de pensamientos quisiéramos tener.

En la medida en que lo hacemos una práctica cotidiana –o lo más cercano a cotidiana– iremos aprendiendo que podemos pensar los pensamientos que queremos, que nosotros somos los autores intelectuales de lo que pensamos, y que eso tiene un impacto tremendo sobre nuestras existencias porque, al pensar, en primer lugar nos pensamos a nosotros mismos. Somos los autores intelectuales de lo que pensamos acerca de nosotros mismos. Nos “inventamos” a nosotros mismos.

Somos lo que creemos que somos

Literalmente, nos “inventamos” a nosotros mismos. Porque lo que pensamos acerca de nosotros no tiene calidad de verdadero o falso, verdad o mentira. Somos lo que creemos que somos. Y si logramos, paulatinamente, ir modificando lo que pensamos acerca de nosotros mismos, “decidiendo” los pensamientos que queremos pensar –y los pensamientos que queremos pensar acerca de nosotros mismos–, acabaremos escribiendo un libreto diferente al que venimos escribiendo hasta ahora.

¿Quieres ser un mediocre, “útil para nada”, un “Homero Simpson”? Es muy simple: repítete a ti mismo, en tus diálogos internos, que eres un inútil, que nunca serás esa persona con la que sueñas, que nunca lograrás hacer esas cosas que siempre soñaste hacer, que nunca tendrás esas cosas que sueñas tener. Es un tipo de pensamiento muy efectivo. Refuérzalo sentándote todas las tardes y noches frente al televisor a seguir viendo los programas que siempre miras, y tendrás asegurado el cerrojo sobre ese destino.

Pero si quisieras, en cambio, ser una persona exitosa en tu trabajo, como profesional, como empresario o emprendedor, como comerciante o como artista; si sueñas con que te gustaría ser un maravilloso esposa o esposa, padre o madre; si lo que te gustaría es ser una mejor persona, más sociable, más amable, más querido y respetado por los otros; si quisieras tener una mejor autoimagen de ti mismo o de ti misma… entonces comienza a moldear tu manera de pensar, imaginándote tal como te gustaría ser en tu trabajo, en tu vida familiar y social. Comienza –como está de moda ahora– a “visualizarte” como la persona de tus sueños, como el hombre o mujer de tus “fantasías”.

Pero deja de ubicar estos pensamientos en el estante de las “fantasías”, y comienza a tomarlos en serio, como el camino que estás recorriendo en tu vida. Cuando aparezcan pensamientos del tipo “Nunca seré esa persona”, o “Nunca llegaré a tener esas cosas”, modifica esos pensamientos y reemplázalos por pensamientos proactivos, como “Esa es la persona que estoy en camino a ser”, o “Esas son las cosas que estoy en camino a obtener”.

Pero observa tus pensamientos, detente por un momento cada día para “encontrarte” con tus pensamientos. Pregúntate qué clase de pensamientos estás teniendo, o mejor dicho, qué clase de pensamientos estás generando y desarrollando en tu mente. Y recuerda que tú eres el autor intelectual de tus pensamientos, y con ello estás escribiendo el libreto de tu vida.

Deja de echarle la culpa a “las cosas que te suceden”. Y comienza a hacer que sucedan las cosas que estás escribiendo en tu “libro de la vida”.

Esteban OwenAutor: Esteban Owen (1 Posts)

Editor del blog Mundo Nuevo y titular de Concepto Lateral (www.conceptolateral.com).